lunes, 20 de agosto de 2012

Dragones en el Alma

Dragones en el alma.

No dormiré no en mucho tiempo...

<<Son las 23:00, lo sabe por el despertador de numeros florecentes que no le deja dormir, hace cuatro horas que dejo el lugar sin mirar atras, aún se lo cuestiona; ¿por qué lo hizo?>>

Ni hablar.  Me molesta mi corazón, me duele la cabeza, dijo mientras se levantaba de la cama, ¿por qué lo hice?, ¿Realmente esta es mi decisión? ¿Alejarme por qué me duele?

<< Carlos tenía 23 años, su vida era un punto más desde el cielo, y el así lo veía, la importancia que el le daba a las personas se enfocaba a solamente una cosa, "metas", sus amistades, incluso relaciones sentimentales, tenían como fin llegar a un objetivo fijado por el previamente. Lo que lo llevo por supuesto a la perdida de amigos y como era claro, a finalizar lazos con sus parejas.>>

<<Su ultima amiga o, la persona que más tiempo estuvo con él fue Jimena, pocos sabrían explicar porque ella estaba a su lado, sabiendo que era su medio. Jimena o como le decían "mena" pertenecia al mismo grupo que Carlos, en ultimo año de universidad, Carlos nunca le presto atencion hasta que terminaron trabajando juntos en su proyecto de semestre. >>

Carlos comenzó  a caminar hacia la sala, el reloj de la pared marcarban las dos de la mañana. Estaba cansado, frustrado y pretendía dormir a toda costa, encendió la luz y se sirvió un vaso de agua, tomó las pastillas de la mesa, se tomo dos.

....

jueves, 24 de mayo de 2012

doble filo

¿En qué momento sabes qué estás sufriendo?
Esta es tu historia, también la mía, ambas son iguales en algún momento de nuestro camino, en ese momento crítico para ti, para mi, donde nos damos cuenta de cómo es en verdad la vida, aprendemos un poco de ella.

Así es el transcurso de nuestra vida, nos movemos tranquilamente en nuestro mundo, intentando esquivar el choque con otros planetas, los planetas de otras personas, ¡Sus mundos! Pero no somos capaces totalmente, ni siquiera hacemos el verdadero intento de que no suceda, y entonces, un momento que se llena de coincidencias, conocemos, exploramos las tierras de otro planeta, recorremos cada parte cómo si fuéramos niños, cómo sino existiera el tiempo para regresar donde estábamos, y cuando menos nos damos cuenta, no hemos quedado en otro planeta, aprendiendo cada cosa de él, y terminamos pensando que es nuestro, que será para siempre, hasta que el tiempo deje de dominar, hasta que dejemos de respirar.

En ese momento nuestro destino se enfoca en estar bien así, no queremos nada más, estamos bien, ¿Qué necesidad hay de irse?, ¿Qué nos hace cambiar de pensamiento? Es simple, el mismo tiempo nos enseña esto, cosas cómo si el planeta deja de gustarnos, cómo si el planeta comienza a expulsarnos de sus tierras, cómo si el mismo planeta deja de desaparecer para nosotros, así terminamos una historia, un mapa en nuestra vida, donde pudimos haber aprendido algo de ese mundo, algo de ese tiempo estando ahí, pero ningún mundo será igual, ni ninguna tierra se sentirá de la misma forma que la anterior...


sábado, 18 de febrero de 2012

No recuerdo cuando la comencé a querer, como sus pláticas me hicieron sentirme bien, que poco a poco por la pantalla podía ver que ella quien me ponía atención, y en un momento, sin darme cuenta de la rapidez, pasó, la deseaba, la necesitaba a mi lado, poder por fin escucharla, por fin verla de frente, y que sólo me viera a mi.

Y así estás en mi mente, ladrona de mi tiempo, pequeña distracción de clases, mi gran dulce de pasión y perdición.
cuando tu sonríes yo me encuentro feliz, cuando lloras me siento miserable, y cuando yo estoy triste tu te encuentras enojada.
Es así que me pregunto por qué terminamos así, puede ser la debilidad de nuestro cariño o  ¿tus dudas constantes?, que tristeza que no puedo besarte en este momento, no tengo valor para que escuches mis sentimientos, preferí demostrarlos, y todo terminó peor, sólo soy un joven que quiere aprender, que quiere recibir tu afecto, que quiere leer un mensaje tuyo a las tres de la mañana, que quiere despertar y saber que tu estás esperando verlo, que a pesar que tengamos darle más tiempo al trayecto qué al tiempo en que estamos juntos, ambos lo disfrutamos.

Duele tu falta, duele esa ausencia que me causas cada noche que te despides, duele el sentimiento solitario que llega a ocupar tú lugar que tanto tiempo tomas por cada plática. Soy culpable de mis miedos, pero tu eres la culpable por dejarme enamorar de ti.

jueves, 9 de febrero de 2012

La última sensación.


Su nombre era Nico, tenía una familia tranquila, cómo también un trabajo digno. Nunca esperó que un día al despertar se daría cuenta que había perdido la vista.
Se despertó en la mañana, se le hizo extraño no escuchar el despertador, abrió los ojos y  de inmediato de se dio cuenta que estaba todo oscuro, “El despertador debe de estar descompuesto”, pensó Nico mientras seguía mirando el techo que para él estaba todo oscuro. Fue ahí cuando se dió cuenta de que algo andaba mal cuando trato de mirar su reloj de pulso, con su mano izquierda buscó el botón de luz, y lo presionó, nada vió pasar, todo estaba oscuro, de inmediato un escalofrío recorrió su cuerpo desde la nuca hasta los pies, “Estoy ciego”, dijo en voz baja. De inmediato despertó a su esposa, “¡Diana!”, “¡despierta!”, “¡No veo nada!”. Diana cómo toda mujer se levantó de inmediato y se acercó a la cara de Nico, empezó a mirar los ojos de su esposo. Nico sujetaba la mano de Diana con fuerza, “¿Cómo que no ves?” “Yo no veo nada extraño” “¿Te duele algo?” “¿Qué sientes?”, dijo Diana, Pero no recibió respuesta de Nico, Diana volvió a preguntarle “¡Nico!,¿Qué te pasa, me escuchas?”, pero Nico se encontraba callado, “No me escuchas, ¡Estás ciego y sordo!”. Nico no dejaba de sujetar la mano de Diana, sólo pensaba que su desaparecida visión era temporal y que volvería, a Diana no le tomó ni un segundo después de saber la desaparecida visión y audición de su esposo, marco al Hospital, y poco después ya se dirigían al Hospital.
Al llegar los recibió el médico Ignacio, un señor de apariencia tranquila, que no tardó mucho en mostrar interés e intriga al caso de Nico, realizó el rutinario chequeo, “Esta claro que sus ojos, tanto cómo sus oídos, están en perfecto estado” le dijo a Nico, “Necesitamos hacer unos análisis” le dijo, Nico no decía nada, su cerebro no podía asimilar el impacto, cómo en un solo día había perdido su vista y oído, no dejaba de pensar qué haría si era permanente o no había cura, no dejaba de pensar como llevaría su vida, la música que tanto disfrutaba oir por las tardes mientras manejaba al trabajo, el bello atardecer que apreciaba justamente cuando se encontraba atrapado en un embotellamiento, la sonrisa de su esposa, la voz de Diana cuando le gritaba que se levantara, tantas cosas que eran comunes en su vida se volverían recuerdos, Nico se sentía vacío, en menos de un día había perdido casi más de su vida.
Poco después el se encontraba en un tomógrafo, el aparato giraba alrededor de Nico y poco a poco el médico Ignacio comenzó a recibir las imágenes en la computara, analizó la parte frontal del cerebro, los lóbulos occipitales dónde se reconstruían las imágenes, pasó a la corteza auditiva primaria y luego secundaria, ambas fundamentales en el reconocimiento del sonido, “No hay nada, no tiene nada fuera de lo anormal” dijo el médico con sorpresa,  sabía que tenía que hablarlo con sus colegas, que esta era una oportunidad extraña, un momento de un millón en dónde un paciente había perdido vista y oído. Habló con Nico y su esposa sobre la extrañeza su caso, de su rareza y como de la gravedad que tenia, trató de calmarlos.
Nico se encontraba de nuevo en la cama de su casa, Diana permanecía en la sala, sentada sin hacer nada, un absoluto silencio dominaba el hogar, ambos comenzaban a imaginar como sería la vida, Diana volvió a recordar como unos días antes habían planeado tener ya un hijo después de dos años de matrimonio, el sentir aquella sensación de pérdida, rompió en llanto por fin, lanzó un grito mientras sus ojos enrojecían por las lagrimas, necesitaba que alguien la escuchara, pero Nico estaba sordo.
A la mañana siguiente Nico se despertó, intentó ver algo, probó de nuevo con reloj de mano, aplaudió y nada escucho, seguía igual, sería otro día más lleno de pérdidas y miedos, Diana seguía aún dormida en la sala, no se atrevió a dormir al lado de su esposo. Nico nunca se enteró de lo que hizo ayer, de cómo pasó la mitad de la noche con lagrimas, de cómo no paraba de lamentarse la mala suerte. Nico comenzó a sentir hambre, se levantó y al tocar el suelo frío sintió como un escalofrío crecía por su cuerpo hasta llegar a su nuca, la sensación le agradó a la vez que lo tranquilizó, al fin no había perdido todo lo que lo separa del mundo y de la vida, tocando las paredes y arrastrando los pies llego  a la cocina, comenzó a explorarla con mucho cuidado, sabía que alguna parte se encontraban los cuchillos y lo último que quería sentir era sus filada cuchilla. Poco después encontró una manzana, lo sabía esta casi seguro, la tomó con fuerza y se la dirigió a la boca y comenzó a masticarla, pero de repente se dio cuenta de algo, no sentía el sabor de lo que masticaba, la escupió y de inmediato se dispuso a buscar algo mas que probar, encontró unas galletas, lo mismo, nada, encontró un limón o tal vez una fresa, sea lo que sea la mordió y no saboreo nada, no se detenía, arrojaba las cucharas, los platos y ante tal escándalo llegó Diana a detenerlo, cuando Nico sintió la mano de Diana comenzó a gritarle “¡Nada me sabe!”, “¡Nada tiene sabor!”.
De nuevo se encontraba Nico en el tomógrafo, su cerebro es encontraba normal, nada había cambiado, le revisaron la lengua y fueron las mismas palabras del médico Ignacio, quien no perdió un minuto para avisar a sus colegas y llevar el caso e internar a Nico para su observación y tratamiento las 24 horas del día. Diana no podía entender nada, era cómo si poco a poco se robaran su vida, no sabía que sentir ni mucho menos que hacer. Nico permaneció todo lo que restaba del día en la cama, a cada momento recibía la visita de diferentes médicos, Diana se encontraba al lado suyo sujetaba la mano de esposo, pero seguía recordando aquellos días en que el llegaba del trabajo y disfrutaba comer la variedad de comidas que ella le preparaba.
Nico despertó, no supo que Diana pasó toda la noche a su lado llorando, poco después le llevaron su desayuno. Lo comenzó a tocar, era una vaso con tal vez una bebida caliente, y un plato de posiblemente frutas, se acercó la comida a la nariz para así tal vez saber qué era, pero justo en ese momento, se dio cuenta de algo más, no percibía ningún olor, trató de oler su ropa, las sábanas de la cama y no obtuvo nada, poco después era de nuevo sometido a varios análisis sin obtener resultado alguno. Nico se sentía horrible, pésimo, se encontraba en el mundo pero sin los medios para percibirlos, no sabía dónde estaba, si era de noche o de día, fue en ese momento pidió no seguir viviendo, no soportaba la idea de cómo sería su vida, de cómo se había convertido en una persona inútil, y lo peor de todo es que sólo sería recordado por su enfermedad y no quién era. “No quiero estar así”, dijo en voz baja, “no quiero”, no podía darse a la idea de perder lo único que le quedaba, sólo le quedaba su voz, era la única forma cómo podía sentir que se conectaba al mundo, perderla significaría que se volvería una materia viva más en el universo, algo mas que ocupaba un espacio, sabía que los doctores no podrían hacer algo, no podrían devolverle su vista, su audición ni mucho menos el olfato cómo su gusto, tal vez ya ni sentía dolor, y ahorita mismo estuviera muriendo sin saberlo, ya no podía estar seguro que tenía sus piernas, fue en ese momento que un pánico lo invadió, comenzó a temblar, pero mantuvo el silencio, necesitaba comprobar que se encontraba vivo, salió de su cama y guiándose por las paredes empezó a buscar cualquier cosa para comprobarse así mismo de su existencia, Diana se encontraba lejos, había salido por algo de comer antes de que su esposo despertara. Nico llegó a un pequeño estante y abrió uno de sus cajones, sintió unas pastillas, posiblemente algodón, unas gasas, y entonces tocó con algo que estaba seguro que le serviría era una aguja con una punta de no mas 5cm le quito la tapa tomó uno de sus brazos, no tardo nada en apuñalarse con la aguja, pero entonces se dio cuenta demasiado tarde, no era una aguja lo que estaba perforando, era una jeringa la cual contenía Atropina, una droga que aumentaba la frecuencia cardiaca, nico se desplomó en el suelo, se sentía agitado, sentía que su corazón iba a explotar sufría de taquicardia, podía sentir los agitados golpes de su corazón en su pecho, y de repente se detuvo, Nico dejó de moverse, se quedó ahí durante no mas de cinco minutos hasta que llego Diana, a la vez que ella gritaba en busca de ayuda, era demasiado tarde. Había comprobado qué si estaba vivo, y que al menos lo último que llego a sentir, fue la muerte.




miércoles, 25 de enero de 2012


Felix

Una mañana de vacaciones como de costumbre, Félix se levantó para comenzar su día, se mantuvo sentado en la orilla de la cama hasta por fin poder pensar que tenía que hacer, caminó directo al baño y tomó una ducha de no más de media hora. Sus padres ya despiertos, lo saludaron. –Hoy toca baile– pensó Félix con una cara sin muestra de ánimos. No tenía interés en aprender a bailar, sin embargo había entrado por obligación de sus padres, Félix sabía que era necesario en fiestas como los XV años y las graduaciones, pero a él no le importaba, prefería quedarse sentado en la mesa viendo como se derretían los hielos de su bebida a tener que bailar con alguien.
Recordó de nuevo el primer día que llegó, cómo se encontró con un grupo de personas que en su mayoría eran señores, cómo se sentó en una silla que se encontraba en la esquina con la esperanza de no llamar la atención y tal vez con suerte no se integrara al grupo, se puso a mirarlos mientras se escuchaba una canción de salsa y notó como muchos con trabajos coordinaban sus pies, otros intentaban pero mejor se quedaban quietos observando a los demás. Félix ya no aguantaba y comenzó a levantarse y caminar en dirección a la salida, en eso entro una chica que dejó quieto a Félix, ella pasó cerca de el  y apenas su mirada coincidió con la de él. Ella se dirigió directo al maestro de baile y lo saludó de besó, el sin darse cuento al seguir mirándola caminó hasta estar casi completamente dentro del grupo, ya no podía salir, el profesor ya lo había identificado y así lo obligaron a bailar por mas de una hora, a pesar del fastidioso tiempo, Félix la miraba cada vez que podía y como ella hacía gala de su talento, era obvio que ella le gustaba, todo lo contrario a Félix que se movía sin ni siquiera despegar los pies del suelo. Así fue su primer día, sólo podía quedarse por la chica, sus vacaciones ya eran de por sí aburridas y no le tomó mucho pensarlo, aceptar y dar el pago del primes mes.
Así ya había pasado una semana, había ya aprendido lo básico, pero a él no le importaba tanto, cada clase era una excusa para poder verla, tristemente no había logrado bailar con ella, ni siquiera saludarla, Félix detestaba su apatía y su introvertismo para conocer chicas, sabía que no tenía un buen físico, ni un atractivo que utilizar, por eso lo único que podía usar para acercarse un poco a ella era el baile y estaba consiente que le faltaba mucho. Y cada clase era una oportunidad que perdía y un día menos.
 La noche del viernes, día de la última clase de la semana, las cuales volverían a ser hasta el Lunes, Félix comenzó a soñar con ella, como se acercaba ella y bailaban, curiosamente nunca le prestó atención al baile, solo se enfocaba en ella, ¿Qué tenía ella? Que había atrapado su interés y lo mas seguro su corazón. Así comenzó a soñar con ella, cada día que pasaba los sueños eran intensos, en ocasiones se veía víctima de pesadillas donde ella lo hacía sentir mal, otras eran fantasías donde el y ella comenzaban algo lindo, pero para desgracia de Félix era solamente un sueño.
Llegó  la clase de lunes, Félix se presentó a la hora indicada, esta vez estaba  dispuesto a acercarse a ella, bailar con ella después de 3 días seguidos de sueños, era necesario que parara esto, ya que temía que dejaran de serlo y comenzaran a ser sus pesadillas. Llegó ella como de costumbre a la clase, después de unas cuantas canciones de salsa y cumbia, Felix sintió la que era hora, todos descansaban por uno momento hasta que el profesor de baile diera instrucciones del próximo baile. –Muy bien, cambien de parejas– Dijo a todo el grupo el profesor, y Félix lo sabía era esa oportunidad, la miro con una cara de palidez y comenzó a caminar hacia ella, comenzó a sentir escalofríos, el ritmo cardiaco aumentaba, se acercaba cada vez mas, pero para su desgracia camino demasiado lento y vió como alguien se le adelantaba y se le colocaba enfrente de ella, Félix no tardó en darse cuenta y detener su camino, había fallado de nuevo, y ahora bailaba en sincronía con una señora a la cual evitaba verla de frente, el solo prestaba atención cuando podía a ella, y al lugar que pudo haber ocupado.
Sin ánimos terminó la clase, todos comenzaron a retirarse y él fue el último en
Salir, se sentía cansado y sin ganas. Ahora quería que terminara su mes y
retirarse, o tal vez podía simplemente dejar de ir, Félix ya sabía lo básico para
bailar, aunque dudaba que lo fuera a utilizar en algún baile.

martes, 10 de enero de 2012

Sucedió en el metro

-Próxima estación, villa de cortes-
Se escuchó en todo el vagón, mientras poco a poco iba disminuyendo la velocidad hasta que quedó completamente inmóvil, de un costado del vagón se abrieron las puertas, pasaron unos cuantos segundos y apareció el clásico aviso de que se preparaban para cerrar, no falta la persona que corría tratando de detener las puertas con las mirada para así poder entrar, unos saltos… Y logró entrar apenas salvando su largo pelo.

-Uffff, ¡Lo logré!- mientras crecía una sonrisa de victoria.
Caminó tranquila acercándose a la pared con toda seguridad, ahí se quedó. Poco tiempo después no pudo evitar sentir la incomoda sensación de las miradas, eran muchas, cada una con su propio pensamiento directamente a ella. -¿Y estos que se creen?-dijo ella mientras se volteaba para regresar la mirada, pero era ya tarde, mágicamente nadie la miraba, mágicamente no era mas que un usuario mas del sistema colectivo.

Medía un metro setenta, piel clara, con una figura digna de mirar, pero no era ese el motivo, tenía un largo cabello oscuro el cual terminaba al par de sus caderas poseía una bella cara delicada, atractiva e inocente, ideal para destacar y robar miradas pero tampoco era el porque. Pasó el tiempo y seguía el flujo de personas que salían y entraban pero aun así eran constantes las miradas, de hecho aumentaban con el pasar de las estaciones. Dos jóvenes que están sentados mirándola murmuraban y no paraban de mirarla, pues era claro que era la primera vez que veían a una chica sin pantalones, y ellos lejos del morbo no paraban de ver porque este Domingo 9 de Enero, había una chica sin pantalones, la cual mostraba su ropa interior de color negro con bordes azul cielo.

-Bellas Artes- dijo la voz femenina del altavoz, y ella apresuro acercarse a las puertas que se abrirían, mientras los dos pares de ojos de los jóvenes le seguían de cerca su trayectoria. Se abrieron las puertas y para la sorpresa de ellos, como de las demás personas del vagón, afuera cada centímetro de la línea de seguridad de amarillo desgastado esperaban varios jóvenes pero con la peculiaridad de ninguno usaba pantalón, eran varios, demasiados para ser coincidencia pensaron  los dos jóvenes, mientras veían como la chica se mesclaba y perdía entre la multitud. –Ninguno tiene pantalón- dijo uno de ellos, -Que miedo-le contesto su acompañante. Pasó el tiempo de tolerancia y las puertas se cerraron, y lentamente comenzó la marcha del metro.