jueves, 9 de febrero de 2012

La última sensación.


Su nombre era Nico, tenía una familia tranquila, cómo también un trabajo digno. Nunca esperó que un día al despertar se daría cuenta que había perdido la vista.
Se despertó en la mañana, se le hizo extraño no escuchar el despertador, abrió los ojos y  de inmediato de se dio cuenta que estaba todo oscuro, “El despertador debe de estar descompuesto”, pensó Nico mientras seguía mirando el techo que para él estaba todo oscuro. Fue ahí cuando se dió cuenta de que algo andaba mal cuando trato de mirar su reloj de pulso, con su mano izquierda buscó el botón de luz, y lo presionó, nada vió pasar, todo estaba oscuro, de inmediato un escalofrío recorrió su cuerpo desde la nuca hasta los pies, “Estoy ciego”, dijo en voz baja. De inmediato despertó a su esposa, “¡Diana!”, “¡despierta!”, “¡No veo nada!”. Diana cómo toda mujer se levantó de inmediato y se acercó a la cara de Nico, empezó a mirar los ojos de su esposo. Nico sujetaba la mano de Diana con fuerza, “¿Cómo que no ves?” “Yo no veo nada extraño” “¿Te duele algo?” “¿Qué sientes?”, dijo Diana, Pero no recibió respuesta de Nico, Diana volvió a preguntarle “¡Nico!,¿Qué te pasa, me escuchas?”, pero Nico se encontraba callado, “No me escuchas, ¡Estás ciego y sordo!”. Nico no dejaba de sujetar la mano de Diana, sólo pensaba que su desaparecida visión era temporal y que volvería, a Diana no le tomó ni un segundo después de saber la desaparecida visión y audición de su esposo, marco al Hospital, y poco después ya se dirigían al Hospital.
Al llegar los recibió el médico Ignacio, un señor de apariencia tranquila, que no tardó mucho en mostrar interés e intriga al caso de Nico, realizó el rutinario chequeo, “Esta claro que sus ojos, tanto cómo sus oídos, están en perfecto estado” le dijo a Nico, “Necesitamos hacer unos análisis” le dijo, Nico no decía nada, su cerebro no podía asimilar el impacto, cómo en un solo día había perdido su vista y oído, no dejaba de pensar qué haría si era permanente o no había cura, no dejaba de pensar como llevaría su vida, la música que tanto disfrutaba oir por las tardes mientras manejaba al trabajo, el bello atardecer que apreciaba justamente cuando se encontraba atrapado en un embotellamiento, la sonrisa de su esposa, la voz de Diana cuando le gritaba que se levantara, tantas cosas que eran comunes en su vida se volverían recuerdos, Nico se sentía vacío, en menos de un día había perdido casi más de su vida.
Poco después el se encontraba en un tomógrafo, el aparato giraba alrededor de Nico y poco a poco el médico Ignacio comenzó a recibir las imágenes en la computara, analizó la parte frontal del cerebro, los lóbulos occipitales dónde se reconstruían las imágenes, pasó a la corteza auditiva primaria y luego secundaria, ambas fundamentales en el reconocimiento del sonido, “No hay nada, no tiene nada fuera de lo anormal” dijo el médico con sorpresa,  sabía que tenía que hablarlo con sus colegas, que esta era una oportunidad extraña, un momento de un millón en dónde un paciente había perdido vista y oído. Habló con Nico y su esposa sobre la extrañeza su caso, de su rareza y como de la gravedad que tenia, trató de calmarlos.
Nico se encontraba de nuevo en la cama de su casa, Diana permanecía en la sala, sentada sin hacer nada, un absoluto silencio dominaba el hogar, ambos comenzaban a imaginar como sería la vida, Diana volvió a recordar como unos días antes habían planeado tener ya un hijo después de dos años de matrimonio, el sentir aquella sensación de pérdida, rompió en llanto por fin, lanzó un grito mientras sus ojos enrojecían por las lagrimas, necesitaba que alguien la escuchara, pero Nico estaba sordo.
A la mañana siguiente Nico se despertó, intentó ver algo, probó de nuevo con reloj de mano, aplaudió y nada escucho, seguía igual, sería otro día más lleno de pérdidas y miedos, Diana seguía aún dormida en la sala, no se atrevió a dormir al lado de su esposo. Nico nunca se enteró de lo que hizo ayer, de cómo pasó la mitad de la noche con lagrimas, de cómo no paraba de lamentarse la mala suerte. Nico comenzó a sentir hambre, se levantó y al tocar el suelo frío sintió como un escalofrío crecía por su cuerpo hasta llegar a su nuca, la sensación le agradó a la vez que lo tranquilizó, al fin no había perdido todo lo que lo separa del mundo y de la vida, tocando las paredes y arrastrando los pies llego  a la cocina, comenzó a explorarla con mucho cuidado, sabía que alguna parte se encontraban los cuchillos y lo último que quería sentir era sus filada cuchilla. Poco después encontró una manzana, lo sabía esta casi seguro, la tomó con fuerza y se la dirigió a la boca y comenzó a masticarla, pero de repente se dio cuenta de algo, no sentía el sabor de lo que masticaba, la escupió y de inmediato se dispuso a buscar algo mas que probar, encontró unas galletas, lo mismo, nada, encontró un limón o tal vez una fresa, sea lo que sea la mordió y no saboreo nada, no se detenía, arrojaba las cucharas, los platos y ante tal escándalo llegó Diana a detenerlo, cuando Nico sintió la mano de Diana comenzó a gritarle “¡Nada me sabe!”, “¡Nada tiene sabor!”.
De nuevo se encontraba Nico en el tomógrafo, su cerebro es encontraba normal, nada había cambiado, le revisaron la lengua y fueron las mismas palabras del médico Ignacio, quien no perdió un minuto para avisar a sus colegas y llevar el caso e internar a Nico para su observación y tratamiento las 24 horas del día. Diana no podía entender nada, era cómo si poco a poco se robaran su vida, no sabía que sentir ni mucho menos que hacer. Nico permaneció todo lo que restaba del día en la cama, a cada momento recibía la visita de diferentes médicos, Diana se encontraba al lado suyo sujetaba la mano de esposo, pero seguía recordando aquellos días en que el llegaba del trabajo y disfrutaba comer la variedad de comidas que ella le preparaba.
Nico despertó, no supo que Diana pasó toda la noche a su lado llorando, poco después le llevaron su desayuno. Lo comenzó a tocar, era una vaso con tal vez una bebida caliente, y un plato de posiblemente frutas, se acercó la comida a la nariz para así tal vez saber qué era, pero justo en ese momento, se dio cuenta de algo más, no percibía ningún olor, trató de oler su ropa, las sábanas de la cama y no obtuvo nada, poco después era de nuevo sometido a varios análisis sin obtener resultado alguno. Nico se sentía horrible, pésimo, se encontraba en el mundo pero sin los medios para percibirlos, no sabía dónde estaba, si era de noche o de día, fue en ese momento pidió no seguir viviendo, no soportaba la idea de cómo sería su vida, de cómo se había convertido en una persona inútil, y lo peor de todo es que sólo sería recordado por su enfermedad y no quién era. “No quiero estar así”, dijo en voz baja, “no quiero”, no podía darse a la idea de perder lo único que le quedaba, sólo le quedaba su voz, era la única forma cómo podía sentir que se conectaba al mundo, perderla significaría que se volvería una materia viva más en el universo, algo mas que ocupaba un espacio, sabía que los doctores no podrían hacer algo, no podrían devolverle su vista, su audición ni mucho menos el olfato cómo su gusto, tal vez ya ni sentía dolor, y ahorita mismo estuviera muriendo sin saberlo, ya no podía estar seguro que tenía sus piernas, fue en ese momento que un pánico lo invadió, comenzó a temblar, pero mantuvo el silencio, necesitaba comprobar que se encontraba vivo, salió de su cama y guiándose por las paredes empezó a buscar cualquier cosa para comprobarse así mismo de su existencia, Diana se encontraba lejos, había salido por algo de comer antes de que su esposo despertara. Nico llegó a un pequeño estante y abrió uno de sus cajones, sintió unas pastillas, posiblemente algodón, unas gasas, y entonces tocó con algo que estaba seguro que le serviría era una aguja con una punta de no mas 5cm le quito la tapa tomó uno de sus brazos, no tardo nada en apuñalarse con la aguja, pero entonces se dio cuenta demasiado tarde, no era una aguja lo que estaba perforando, era una jeringa la cual contenía Atropina, una droga que aumentaba la frecuencia cardiaca, nico se desplomó en el suelo, se sentía agitado, sentía que su corazón iba a explotar sufría de taquicardia, podía sentir los agitados golpes de su corazón en su pecho, y de repente se detuvo, Nico dejó de moverse, se quedó ahí durante no mas de cinco minutos hasta que llego Diana, a la vez que ella gritaba en busca de ayuda, era demasiado tarde. Había comprobado qué si estaba vivo, y que al menos lo último que llego a sentir, fue la muerte.




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