Su nombre era Nico, tenía
una familia tranquila, cómo también un trabajo digno. Nunca esperó que un día
al despertar se daría cuenta que había perdido la vista.
Se despertó en la mañana, se
le hizo extraño no escuchar el despertador, abrió los ojos y de inmediato de se dio cuenta que estaba todo
oscuro, “El despertador debe de estar descompuesto”, pensó Nico mientras seguía
mirando el techo que para él estaba todo oscuro. Fue ahí cuando se dió cuenta
de que algo andaba mal cuando trato de mirar su reloj de pulso, con su mano
izquierda buscó el botón de luz, y lo presionó, nada vió pasar, todo estaba
oscuro, de inmediato un escalofrío recorrió su cuerpo desde la nuca hasta los
pies, “Estoy ciego”, dijo en voz baja. De inmediato despertó a su esposa,
“¡Diana!”, “¡despierta!”, “¡No veo nada!”. Diana cómo toda mujer se levantó de
inmediato y se acercó a la cara de Nico, empezó a mirar los ojos de su esposo.
Nico sujetaba la mano de Diana con fuerza, “¿Cómo que no ves?” “Yo no veo nada
extraño” “¿Te duele algo?” “¿Qué sientes?”, dijo Diana, Pero no recibió
respuesta de Nico, Diana volvió a preguntarle “¡Nico!,¿Qué te pasa, me escuchas?”,
pero Nico se encontraba callado, “No me escuchas, ¡Estás ciego y sordo!”. Nico
no dejaba de sujetar la mano de Diana, sólo pensaba que su desaparecida visión
era temporal y que volvería, a Diana no le tomó ni un segundo después de saber
la desaparecida visión y audición de su esposo, marco al Hospital, y poco
después ya se dirigían al Hospital.
Al llegar los recibió el
médico Ignacio, un señor de apariencia tranquila, que no tardó mucho en mostrar
interés e intriga al caso de Nico, realizó el rutinario chequeo, “Esta claro
que sus ojos, tanto cómo sus oídos, están en perfecto estado” le dijo a Nico,
“Necesitamos hacer unos análisis” le dijo, Nico no decía nada, su cerebro no
podía asimilar el impacto, cómo en un solo día había perdido su vista y oído,
no dejaba de pensar qué haría si era permanente o no había cura, no dejaba de
pensar como llevaría su vida, la música que tanto disfrutaba oir por las tardes
mientras manejaba al trabajo, el bello atardecer que apreciaba justamente
cuando se encontraba atrapado en un embotellamiento, la sonrisa de su esposa,
la voz de Diana cuando le gritaba que se levantara, tantas cosas que eran
comunes en su vida se volverían recuerdos, Nico se sentía vacío, en menos de un
día había perdido casi más de su vida.
Poco después el se
encontraba en un tomógrafo, el aparato giraba alrededor de Nico y poco a poco
el médico Ignacio comenzó a recibir las imágenes en la computara, analizó la
parte frontal del cerebro, los lóbulos occipitales dónde se reconstruían las
imágenes, pasó a la corteza auditiva primaria y luego secundaria, ambas
fundamentales en el reconocimiento del sonido, “No hay nada, no tiene nada fuera
de lo anormal” dijo el médico con sorpresa,
sabía que tenía que hablarlo con sus colegas, que esta era una
oportunidad extraña, un momento de un millón en dónde un paciente había perdido
vista y oído. Habló con Nico y su esposa sobre la extrañeza su caso, de su
rareza y como de la gravedad que tenia, trató de calmarlos.
Nico se encontraba de nuevo
en la cama de su casa, Diana permanecía en la sala, sentada sin hacer nada, un
absoluto silencio dominaba el hogar, ambos comenzaban a imaginar como sería la
vida, Diana volvió a recordar como unos días antes habían planeado tener ya un
hijo después de dos años de matrimonio, el sentir aquella sensación de pérdida,
rompió en llanto por fin, lanzó un grito mientras sus ojos enrojecían por las
lagrimas, necesitaba que alguien la escuchara, pero Nico estaba sordo.
A la mañana siguiente Nico
se despertó, intentó ver algo, probó de nuevo con reloj de mano, aplaudió y
nada escucho, seguía igual, sería otro día más lleno de pérdidas y miedos,
Diana seguía aún dormida en la sala, no se atrevió a dormir al lado de su
esposo. Nico nunca se enteró de lo que hizo ayer, de cómo pasó la mitad de la
noche con lagrimas, de cómo no paraba de lamentarse la mala suerte. Nico
comenzó a sentir hambre, se levantó y al tocar el suelo frío sintió como un
escalofrío crecía por su cuerpo hasta llegar a su nuca, la sensación le agradó
a la vez que lo tranquilizó, al fin no había perdido todo lo que lo separa del
mundo y de la vida, tocando las paredes y arrastrando los pies llego a la cocina, comenzó a explorarla con mucho
cuidado, sabía que alguna parte se encontraban los cuchillos y lo último que
quería sentir era sus filada cuchilla. Poco después encontró una manzana, lo
sabía esta casi seguro, la tomó con fuerza y se la dirigió a la boca y comenzó
a masticarla, pero de repente se dio cuenta de algo, no sentía el sabor de lo
que masticaba, la escupió y de inmediato se dispuso a buscar algo mas que
probar, encontró unas galletas, lo mismo, nada, encontró un limón o tal vez una
fresa, sea lo que sea la mordió y no saboreo nada, no se detenía, arrojaba las
cucharas, los platos y ante tal escándalo llegó Diana a detenerlo, cuando Nico
sintió la mano de Diana comenzó a gritarle “¡Nada me sabe!”, “¡Nada tiene
sabor!”.
De nuevo se encontraba Nico
en el tomógrafo, su cerebro es encontraba normal, nada había cambiado, le
revisaron la lengua y fueron las mismas palabras del médico Ignacio, quien no
perdió un minuto para avisar a sus colegas y llevar el caso e internar a Nico
para su observación y tratamiento las 24 horas del día. Diana no podía entender
nada, era cómo si poco a poco se robaran su vida, no sabía que sentir ni mucho
menos que hacer. Nico permaneció todo lo que restaba del día en la cama, a cada
momento recibía la visita de diferentes médicos, Diana se encontraba al lado
suyo sujetaba la mano de esposo, pero seguía recordando aquellos días en que el
llegaba del trabajo y disfrutaba comer la variedad de comidas que ella le
preparaba.
Nico despertó, no supo que
Diana pasó toda la noche a su lado llorando, poco después le llevaron su
desayuno. Lo comenzó a tocar, era una vaso con tal vez una bebida caliente, y
un plato de posiblemente frutas, se acercó la comida a la nariz para así tal
vez saber qué era, pero justo en ese momento, se dio cuenta de algo más, no
percibía ningún olor, trató de oler su ropa, las sábanas de la cama y no obtuvo
nada, poco después era de nuevo sometido a varios análisis sin obtener
resultado alguno. Nico se sentía horrible, pésimo, se encontraba en el mundo
pero sin los medios para percibirlos, no sabía dónde estaba, si era de noche o
de día, fue en ese momento pidió no seguir viviendo, no soportaba la idea de
cómo sería su vida, de cómo se había convertido en una persona inútil, y lo
peor de todo es que sólo sería recordado por su enfermedad y no quién era. “No
quiero estar así”, dijo en voz baja, “no quiero”, no podía darse a la idea de
perder lo único que le quedaba, sólo le quedaba su voz, era la única forma cómo
podía sentir que se conectaba al mundo, perderla significaría que se volvería
una materia viva más en el universo, algo mas que ocupaba un espacio, sabía que
los doctores no podrían hacer algo, no podrían devolverle su vista, su audición
ni mucho menos el olfato cómo su gusto, tal vez ya ni sentía dolor, y ahorita
mismo estuviera muriendo sin saberlo, ya no podía estar seguro que tenía sus
piernas, fue en ese momento que un pánico lo invadió, comenzó a temblar, pero
mantuvo el silencio, necesitaba comprobar que se encontraba vivo, salió de su
cama y guiándose por las paredes empezó a buscar cualquier cosa para
comprobarse así mismo de su existencia, Diana se encontraba lejos, había salido
por algo de comer antes de que su esposo despertara. Nico llegó a un pequeño
estante y abrió uno de sus cajones, sintió unas pastillas, posiblemente algodón,
unas gasas, y entonces tocó con algo que estaba seguro que le serviría era una
aguja con una punta de no mas 5cm le quito la tapa tomó uno de sus brazos, no
tardo nada en apuñalarse con la aguja, pero entonces se dio cuenta demasiado
tarde, no era una aguja lo que estaba perforando, era una jeringa la cual contenía
Atropina, una droga que aumentaba la frecuencia cardiaca, nico se desplomó en
el suelo, se sentía agitado, sentía que su corazón iba a explotar sufría de
taquicardia, podía sentir los agitados golpes de su corazón en su pecho, y de
repente se detuvo, Nico dejó de moverse, se quedó ahí durante no mas de cinco
minutos hasta que llego Diana, a la vez que ella gritaba en busca de ayuda, era
demasiado tarde. Había comprobado qué si estaba vivo, y que al menos lo último
que llego a sentir, fue la muerte.
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