-Próxima estación, villa de cortes-
Se escuchó en todo el vagón, mientras poco a poco iba disminuyendo la velocidad hasta que quedó completamente inmóvil, de un costado del vagón se abrieron las puertas, pasaron unos cuantos segundos y apareció el clásico aviso de que se preparaban para cerrar, no falta la persona que corría tratando de detener las puertas con las mirada para así poder entrar, unos saltos… Y logró entrar apenas salvando su largo pelo.
-Uffff, ¡Lo logré!- mientras crecía una sonrisa de victoria.
Caminó tranquila acercándose a la pared con toda seguridad, ahí se quedó. Poco tiempo después no pudo evitar sentir la incomoda sensación de las miradas, eran muchas, cada una con su propio pensamiento directamente a ella. -¿Y estos que se creen?-dijo ella mientras se volteaba para regresar la mirada, pero era ya tarde, mágicamente nadie la miraba, mágicamente no era mas que un usuario mas del sistema colectivo.
Medía un metro setenta, piel clara, con una figura digna de mirar, pero no era ese el motivo, tenía un largo cabello oscuro el cual terminaba al par de sus caderas poseía una bella cara delicada, atractiva e inocente, ideal para destacar y robar miradas pero tampoco era el porque. Pasó el tiempo y seguía el flujo de personas que salían y entraban pero aun así eran constantes las miradas, de hecho aumentaban con el pasar de las estaciones. Dos jóvenes que están sentados mirándola murmuraban y no paraban de mirarla, pues era claro que era la primera vez que veían a una chica sin pantalones, y ellos lejos del morbo no paraban de ver porque este Domingo 9 de Enero, había una chica sin pantalones, la cual mostraba su ropa interior de color negro con bordes azul cielo.
-Bellas Artes- dijo la voz femenina del altavoz, y ella apresuro acercarse a las puertas que se abrirían, mientras los dos pares de ojos de los jóvenes le seguían de cerca su trayectoria. Se abrieron las puertas y para la sorpresa de ellos, como de las demás personas del vagón, afuera cada centímetro de la línea de seguridad de amarillo desgastado esperaban varios jóvenes pero con la peculiaridad de ninguno usaba pantalón, eran varios, demasiados para ser coincidencia pensaron los dos jóvenes, mientras veían como la chica se mesclaba y perdía entre la multitud. –Ninguno tiene pantalón- dijo uno de ellos, -Que miedo-le contesto su acompañante. Pasó el tiempo de tolerancia y las puertas se cerraron, y lentamente comenzó la marcha del metro.
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