miércoles, 25 de enero de 2012


Felix

Una mañana de vacaciones como de costumbre, Félix se levantó para comenzar su día, se mantuvo sentado en la orilla de la cama hasta por fin poder pensar que tenía que hacer, caminó directo al baño y tomó una ducha de no más de media hora. Sus padres ya despiertos, lo saludaron. –Hoy toca baile– pensó Félix con una cara sin muestra de ánimos. No tenía interés en aprender a bailar, sin embargo había entrado por obligación de sus padres, Félix sabía que era necesario en fiestas como los XV años y las graduaciones, pero a él no le importaba, prefería quedarse sentado en la mesa viendo como se derretían los hielos de su bebida a tener que bailar con alguien.
Recordó de nuevo el primer día que llegó, cómo se encontró con un grupo de personas que en su mayoría eran señores, cómo se sentó en una silla que se encontraba en la esquina con la esperanza de no llamar la atención y tal vez con suerte no se integrara al grupo, se puso a mirarlos mientras se escuchaba una canción de salsa y notó como muchos con trabajos coordinaban sus pies, otros intentaban pero mejor se quedaban quietos observando a los demás. Félix ya no aguantaba y comenzó a levantarse y caminar en dirección a la salida, en eso entro una chica que dejó quieto a Félix, ella pasó cerca de el  y apenas su mirada coincidió con la de él. Ella se dirigió directo al maestro de baile y lo saludó de besó, el sin darse cuento al seguir mirándola caminó hasta estar casi completamente dentro del grupo, ya no podía salir, el profesor ya lo había identificado y así lo obligaron a bailar por mas de una hora, a pesar del fastidioso tiempo, Félix la miraba cada vez que podía y como ella hacía gala de su talento, era obvio que ella le gustaba, todo lo contrario a Félix que se movía sin ni siquiera despegar los pies del suelo. Así fue su primer día, sólo podía quedarse por la chica, sus vacaciones ya eran de por sí aburridas y no le tomó mucho pensarlo, aceptar y dar el pago del primes mes.
Así ya había pasado una semana, había ya aprendido lo básico, pero a él no le importaba tanto, cada clase era una excusa para poder verla, tristemente no había logrado bailar con ella, ni siquiera saludarla, Félix detestaba su apatía y su introvertismo para conocer chicas, sabía que no tenía un buen físico, ni un atractivo que utilizar, por eso lo único que podía usar para acercarse un poco a ella era el baile y estaba consiente que le faltaba mucho. Y cada clase era una oportunidad que perdía y un día menos.
 La noche del viernes, día de la última clase de la semana, las cuales volverían a ser hasta el Lunes, Félix comenzó a soñar con ella, como se acercaba ella y bailaban, curiosamente nunca le prestó atención al baile, solo se enfocaba en ella, ¿Qué tenía ella? Que había atrapado su interés y lo mas seguro su corazón. Así comenzó a soñar con ella, cada día que pasaba los sueños eran intensos, en ocasiones se veía víctima de pesadillas donde ella lo hacía sentir mal, otras eran fantasías donde el y ella comenzaban algo lindo, pero para desgracia de Félix era solamente un sueño.
Llegó  la clase de lunes, Félix se presentó a la hora indicada, esta vez estaba  dispuesto a acercarse a ella, bailar con ella después de 3 días seguidos de sueños, era necesario que parara esto, ya que temía que dejaran de serlo y comenzaran a ser sus pesadillas. Llegó ella como de costumbre a la clase, después de unas cuantas canciones de salsa y cumbia, Felix sintió la que era hora, todos descansaban por uno momento hasta que el profesor de baile diera instrucciones del próximo baile. –Muy bien, cambien de parejas– Dijo a todo el grupo el profesor, y Félix lo sabía era esa oportunidad, la miro con una cara de palidez y comenzó a caminar hacia ella, comenzó a sentir escalofríos, el ritmo cardiaco aumentaba, se acercaba cada vez mas, pero para su desgracia camino demasiado lento y vió como alguien se le adelantaba y se le colocaba enfrente de ella, Félix no tardó en darse cuenta y detener su camino, había fallado de nuevo, y ahora bailaba en sincronía con una señora a la cual evitaba verla de frente, el solo prestaba atención cuando podía a ella, y al lugar que pudo haber ocupado.
Sin ánimos terminó la clase, todos comenzaron a retirarse y él fue el último en
Salir, se sentía cansado y sin ganas. Ahora quería que terminara su mes y
retirarse, o tal vez podía simplemente dejar de ir, Félix ya sabía lo básico para
bailar, aunque dudaba que lo fuera a utilizar en algún baile.

martes, 10 de enero de 2012

Sucedió en el metro

-Próxima estación, villa de cortes-
Se escuchó en todo el vagón, mientras poco a poco iba disminuyendo la velocidad hasta que quedó completamente inmóvil, de un costado del vagón se abrieron las puertas, pasaron unos cuantos segundos y apareció el clásico aviso de que se preparaban para cerrar, no falta la persona que corría tratando de detener las puertas con las mirada para así poder entrar, unos saltos… Y logró entrar apenas salvando su largo pelo.

-Uffff, ¡Lo logré!- mientras crecía una sonrisa de victoria.
Caminó tranquila acercándose a la pared con toda seguridad, ahí se quedó. Poco tiempo después no pudo evitar sentir la incomoda sensación de las miradas, eran muchas, cada una con su propio pensamiento directamente a ella. -¿Y estos que se creen?-dijo ella mientras se volteaba para regresar la mirada, pero era ya tarde, mágicamente nadie la miraba, mágicamente no era mas que un usuario mas del sistema colectivo.

Medía un metro setenta, piel clara, con una figura digna de mirar, pero no era ese el motivo, tenía un largo cabello oscuro el cual terminaba al par de sus caderas poseía una bella cara delicada, atractiva e inocente, ideal para destacar y robar miradas pero tampoco era el porque. Pasó el tiempo y seguía el flujo de personas que salían y entraban pero aun así eran constantes las miradas, de hecho aumentaban con el pasar de las estaciones. Dos jóvenes que están sentados mirándola murmuraban y no paraban de mirarla, pues era claro que era la primera vez que veían a una chica sin pantalones, y ellos lejos del morbo no paraban de ver porque este Domingo 9 de Enero, había una chica sin pantalones, la cual mostraba su ropa interior de color negro con bordes azul cielo.

-Bellas Artes- dijo la voz femenina del altavoz, y ella apresuro acercarse a las puertas que se abrirían, mientras los dos pares de ojos de los jóvenes le seguían de cerca su trayectoria. Se abrieron las puertas y para la sorpresa de ellos, como de las demás personas del vagón, afuera cada centímetro de la línea de seguridad de amarillo desgastado esperaban varios jóvenes pero con la peculiaridad de ninguno usaba pantalón, eran varios, demasiados para ser coincidencia pensaron  los dos jóvenes, mientras veían como la chica se mesclaba y perdía entre la multitud. –Ninguno tiene pantalón- dijo uno de ellos, -Que miedo-le contesto su acompañante. Pasó el tiempo de tolerancia y las puertas se cerraron, y lentamente comenzó la marcha del metro.